Rehabilitación oral en San Salvador de Jujuy

Rehabilitación oral

En el Centro Odontológico Integral realizamos tratamientos de rehabilitación oral con profesionalismo, teniendo en cuenta que desde épocas remotas el hombre ha sufrido la pérdida de sus piezas dentarias por caries, enfermedad periodontal (piorrea), fracturas o accidentes traumáticos o por un proceso de desgaste fisiológico en los tejidos del diente (esmalte y dentina).

Una vez que el individuo adulto ha completado su dentición permanente, lo que suele ocurrir aproximadamente entre los 20 y 25 años de edad, comienza un proceso de degradación y destrucción natural de su dentadura. Este proceso fisiológico de deterioro o envejecimiento progresivo de la dentición es conocido como “usura del trabajo”.

La presencia de obturaciones desbordantes o elevadas o piezas dentarias que se han elongado por falta de elemento opositor antagonista (como consecuencia de extracciones dentarias no compensadas), coronas mal adaptadas, etc., constituyen los llamados contactos prematuros o interferentes que desarrollan en el individuo la necesidad de eliminarlos, generando un hábito de apretamiento compulsivo de la dentadura conocido como bruxismo.

Las tensiones nerviosas generadas por situaciones conflictivas o traumáticas de la vida diaria facilitan la aparición y aumentan enormemente la frecuencia e intensidad de los episodios nocturnos de bruxismo. Estos se producen durante las etapas de ensoñación profunda (REM) y sin que el individuo pueda ejercer el control consciente, debido a que estos estímulos no son integrados a la corteza cerebral, sino que las conexiones o sinapsis nerviosas se establecen a nivel medular.
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Al tratarse de una enfermedad psicosomática, para que se produzca la aparición del bruxismo en el individuo es necesaria la confluencia de dos factores: un factor somático (contacto prematuro o interferencia interoclusal) y un factor psicológico (sobrecarga emocional o estrés).

Los desgastes dentales producidos por el bruxismo o bruxomanía son conocidos como facetas de desgaste o bruxofacetas y son más evidentes en pacientes con una gran contextura física por la mayor potencia muscular desarrollada. Este desgaste masivo de las superficies oclusales da como resultado una disminución en la eficacia masticatoria del individuo, siendo necesario entonces aumentar el número de impactos masticatorios para poder dividir y fragmentar los alimentos en partículas pequeñas hasta formar el bolo alimenticio. El alimento que no puede ser fragmentado a nivel de la cavidad bucal deberá ser degradado por la acción de los jugos gástricos, produciéndose un cuadro de acidez (hiperclorhidria), dispepsia y regurgitación de los mismos hacia la cavidad oral.

La existencia de contactos prematurizantes produce además un cambio en el género de palancas que son aplicadas en los numerosos sistemas de fuerza presentes tanto en la función masticatoria como durante la parafunción (hábitos orales). Este cambio en el género de las palancas hace que las fuerzas que deben soportar las estructuras de apoyo de los dientes (periodonto) sean magnificadas enormemente, dando como resultado final la movilidad de la pieza dentaria y la claudicación del aparato masticatorio.

El sistema estomatognático está compuesto no solo por las piezas dentarias, sino también por las estructuras óseas de soporte (hueso alveolar) e inserción (ligamento periodontal) que sostienen y envuelven al diente a manera de un amortiguador, el sistema nervioso que inerva a su vez a los grupos musculares de la masticación y de la expresión o mímica, y las articulaciones temporomandibulares que sostienen a la mandíbula del macizo craneofacial a través de un sistema ligamentoso de inserción. Dichas articulaciones poseen un alto grado de complejidad y diferenciación celular, trabajando en forma simultánea y armónica con las articulaciones dentarias (dientes).

Cuando un individuo que presenta algún grado de desarmonía o inestabilidad entre sus arcos dentarios (causado por piezas en mala posición, obturaciones desbordantes o deficientes, falta de elementos dentarios, pérdida en el alineamiento de cúspides, superficies oclusales con desgastes o abrasiones, etc.) aumenta su nivel de tensión emocional o nerviosa, ya sea por motivaciones particulares o personales de salud o trabajo, desencadenando durante el sueño profundo la necesidad de frotar o apretar sus dientes tratando de eliminar dichas interferencias. Esto trae aparejado la contractura de los músculos masticatorios y la zona posterior del cuello, acortando su longitud y aumentando enormemente su tono muscular, produciendo dolor y cansancio (músculos hipertónicos y espásticos).

Los síntomas más evidentes son dolor localizado o irradiado a la zona de la sien, dolor preauricular, fatiga y cansancio muscular al masticar (espasmo), limitación de la apertura bucal, apertura en dos tiempos, desviación de la línea media, ruidos articulares (crack o clic articular) por pellizcamiento del borde posterior del menisco interarticular, mareos, zumbidos (acúfenos), disminución de la agudeza auditiva (hipoacusia) y hasta la pérdida del equilibrio por sobrecompresión de estructuras del oído medio que se encuentran en estrecha relación de vecindad anatómica con los cóndilos articulares.
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Este conjunto de síntomas y signos se conoce como síndrome de disfunción cráneo-cérvico-temporomandibular, síndrome doloroso miofascial, síndrome de Costen o vulgarmente llamado enfermedad oclusal. Este cuadro de desgastes masivos junto con la pérdida dentaria por otras causales transforma al individuo en un “inválido oral”, con disminución o pérdida de su capacidad masticatoria.

La terapéutica indicada para el cuadro mencionado se conoce como rehabilitación oral, que consiste en devolver al paciente las funciones orales perdidas: estética, fonética y masticatoria, sin olvidar por cierto el factor psicológico. Se trata de un tratamiento restaurador integral que combina los procedimientos técnicos, clínicos y el conocimiento acabado de todas las disciplinas odontológicas: prótesis, implantología, operatoria dental, periodoncia, endodoncia, cirugía, ortodoncia, etc.

La falta de piezas dentarias es repuesta siguiendo los parámetros ideales de disposición espacial y alineamiento tridimensional y estético. El reemplazo artificial del diente perdido se consigue a través de un procedimiento innovador: los implantes dentales.

El tratamiento restaurador es eminentemente protético. El profesional tratante deberá evaluar y decidir entre las diferentes opciones restaurativas dentro de un amplio espectro de posibilidades terapéuticas (coronas totales, incrustaciones parciales: metálicas, cerámicas, de resinas acrílicas o mixtas, restauraciones adhesivas, etc.).

El tiempo de realización del tratamiento rehabilitador es variable, yendo desde un par de meses hasta más allá de un año, de acuerdo con la necesidad o no de recurrir a soluciones más complejas (implantes dentales, técnicas de injertos óseos, ortodoncia, cirugías reparadoras, etc.).

El plan de tratamiento es determinado luego de un minucioso estudio de diagnóstico previo (análisis oclusal funcional), que constituye el paso previo o preliminar a las etapas de reconstrucción oral. El mismo consta de toma de impresiones (moldes), obtención de modelos de estudio (seccionados de Kennedy), montaje de los mismos en aparatología semiajustable o simulador de movimientos, confección de encerados de diagnóstico, desprogramador anterior o Jig de Lucía y opcionalmente placas de relajación neuromuscular, complementadas con radiografías seriadas periapicales, fotografías, etc.

De una evaluación diagnóstica racional surge tanto el plan de tratamiento a realizar como el pronóstico del paciente y el coste aproximado total. La primera fase de reconstrucción oral consiste en la remoción y descombro de las estructuras protéticas preexistentes en boca y la realización de terapia periodontal básica y endodóntica (tratamientos de conducto).

Las piezas dentarias presentes en boca o los elementos radiculares residuales (raíces) sirven para soportar sobre sí las coronas provisionales o temporarias surgidas del encerado de estudio previo. Estos juegos de elementos provisorios son reemplazados una, dos o más veces según el caso clínico, permitiendo alcanzar paulatinamente los cambios estéticos y funcionales propuestos por el estudio de diagnóstico. Asimismo, estas restauraciones provisorias pueden ser modificadas según criterios profesionales, agregando o quitando material a los fines de testear en la cavidad oral los cambios planeados.

Una vez logradas las modificaciones funcionales y estéticas (morfología dental, largo de dientes, línea de sonrisa adecuada, cuatro niveles de oclusión, acoplamiento armónico de los arcos dentarios, libertad de movimientos mandibulares, estabilidad oclusal, eliminación de sintomatología dolorosa, etc.), se procede a terminar el caso con las restauraciones definitivas en la calidad convenida con el profesional rehabilitador.

La finalidad de la rehabilitación oral es lograr devolver el equilibrio al sistema estomatognático (oral), la relajación y pacificación del sistema neuromuscular y la obtención de superficies masticatorias armónicas y estables según los principios dictados por la oclusión orgánica, obteniéndose como lógica consecuencia un aspecto estético inmejorable.

Una vez concluido el tratamiento restaurador se provee al paciente de una placa de relajación neuromuscular o placa orgánica de uso semipermanente (guarda oclusal nocturna), que servirá como medio de protección contra los desgastes o abrasiones ocasionados por el bruxismo oclusal del paciente. Asimismo, se instruye al paciente para interceptar los hábitos orales nocivos o perjudiciales para el sistema masticatorio.
Diseño llamado a la acción 2